Reforma sorpresa: una reforma muy necesaria.
Todos sabemos que la relación con la suegra es complicada. Pero qué mejor que una Reforma Sorpresa para darle un giro a una situación tensa y acortar cualquier distancia por muy lejana que sea.
La misión ¿imposible? del programa fué modernizar una casa anclada en los años 50 “con suelos de las películas de Andrés Pajares… o anteriores.”
En la visita previa a la reforma Guille se sorprendió con la cantidad de adornos de procedencia “oriental” que se acumulaban en la casa. Pudo ver un perro lámpara, un ciervo copa y un conejo encerrado en lluvia de purpurina, entre otras curiosidades.
La habitación principal era una de las estancias que debía reformar Guille.
El cabecero tenía una mezcla retro y futurista con lampara y radio integradas.
La otra estancia a decorar era el salón. Tenía forma de “L” y dos ambientes diferenciados.
Todos los muebles de la casa eran de los años 50 ó 60.
Guille hizo la toma de datos “muy rápido y con mucho miedo“, y se puso a trabajar en el diseño del proyecto.
El equipo llegó el día de la reforma a ritmo de Grease, con el objetivo de dejar a la sorprendida una casa perfecta y modernizada. No puedes perderte el vídeo.
Lo primero, como siempre, fué sacar los muebles y pintar. Para el salón Guille eligió pintura en un tono gris nacarado y papel de pared de motivos geométricos.
El ritmo de trabajo de arranque fué muy bueno pero los problemas no tardaron en aparecer. En las esquinas del salón no había suelo. Pero Guille demuestró que está en todo: “pero que te crees, ¿que superdecorador no ha pensado en eso?, ¿qué clase de profesional te crees que soy?”
La señora de la limpieza ayudó al jefe de obra animando al equipo y metiéndoles prisa. Mira la cara que se le quedó a Guille cuando la señora confesó que era “fan del programa” pero que a él no le conocía.
El decorador tuvo que someterse también a la mirada crítica de las vecinas que se asomaban a cotillear la reforma.
El suelo se cubrió con una alfombra puzzle de 3 grandes piezas gris negra y roja. Parecía una tarea fácil pero las piezas en la obra se resistieron a encajar a la primera.
Para la mesa del comedor el decorador creó un centro de flores navideño con lilium blanco y helecho. Una esponja humedecida mantuvo las flores frescas.
Guille García Hoz respetó los dos ambientes diferenciados en el salón: uno de comedor y otro de relax, con los nuevos sillones.
La habitación se pintó con un tono marfil claro. Colocaron un rodapié blanco ya que antes no había. Y en la pared principal del cabecero Guille García Hoz apostó por un truco muy original. A pesar de no tener ventana en ese paño colocó unos estores de madera y unos fluorescentes en el techo. El efecto de la luz resbalando sobre la madera de forma indirecta crea una atmósfera diferente y el efecto de que detrás hay una ventana por la que está entrando luz natural.
La lámpara le daba un toque especial a la habitación.
Las puertas de los armarios se lijaron y se forraron con papel de pared. Unos espaguetis hicieron que los tornillos que estaban un poco flojos se apretaran con fuerza.
Para seguir con la tradición, Guille se manchó la cazadora con pintura.
Los problemas no dejaron de aparecer hasta el último momento. El sofá no cabía por las puertas a las 18:40 de la tarde.
Y para variar, el tiempo pasaba demasiado deprisa a pesar de que el ritmo del comienzo fue muy bueno. Guille intentaba convencer a Nuria Roca de que quedaba poco y que iban a llegar a tiempo.
La obra se retrasó pero no les pillaron y el resultado mereció la pena. Júzgalo tú mismo.
Salón antes.
Salón después.
Habitación antes.
Habitación después.































